Un petit calfred de l’ànima


Zen y escalada (I)
diciembre 31, 2010, 9:49 am
Archivado en: Fragments

Para entender qué pueda tener que ver el Zen y la escalada, o el Zen y cualquier actividad física, primero hay que entender mínimamente qué es el Zen.

Un definición simple y probablemente demasiado  inexacta del origen del Zen es que es la práctica que surge de la colisión del Budismo indio con el Taoismo chino. Florece en China y sobrevive en Japón hasta la actualidad.

Lo que caracteriza notablemente el Zen es la dedicación total a la búsqueda de la iluminación o Satori, que es ese estado de perfecta calma y comprensión de la realidad que en lenguaje budista se acercaría al Nirvana.

Así pues el Zen es básicamente práctica y propugna un desprecio notable de toda escritura o filosofía compleja. Nada más ajeno a las especulaciones metafísicas que el Zen. No encontrareis en un texto Zen jamás ninguna reflexión sobre si dios o el alma existen, o cual es el origen del universo. Probablemente si preguntais tales cosas a un Sensei Zen recibais una respuesta que os sorprenda..

Así en el Zen la búsqueda de la sencillez y la naturalidad son la prioridad, de hecho el Satori se describe a veces como el retorno a la naturaleza original de todos los seres, intentar volver a ser como son el resto de seres vivos, naturales, sencillos, directos, sin dudas ni complejidades, centrados en el presente, sin angustias por el futuro, ni remordimiento por el pasado…

Desde el punto de vista del Taoismo las mismas ideas se relacionan con el fluir de la persona junto con el Tao (el orden universal), el concepto de Wu wei (inacción, fluir o dejarse llevar ) y la renuncia a las escrituras o la especulación metafísica con las famosas frasse del Tao Te Ching “Quién sabe no habla, quién habla no sabe” o “El Tao que puede expresarse con palabras no es el verdadero Tao”

Ese estado natural comprensión perfecta, también se caracteriza necesariamente por una supresión de ego o mente racional o discursiva (la que habla dentro de nuestras cabezas) y ese “olvido de uno mismo” ha sido siempre una característica reconocida por muchos artistas durante su momento de creación. Así pues no es extraño que muchas artes japonesas acabasen influidas por el Zen y muchos artistas convertidos en practicantes de este método.

Artes japonesas como el Ikebana (arreglo floral), poesia (especialmente el Haiku), caligrafía (denominada Sumi-e), teatro, etc… son intrínsecamente Zen y se considera que sus prácticantes han de ejecutarlas en ese estado de calma no-reflexiva, ese olvido de uno mismo que propugna el Zen.

Ese estado natural conjuga dos características que se hicieron irresistibles también a otras actividades menos apacibles, en concreto al arte de la guerra. Las dos características de ese olvido del ego son que nos aleja del miedo a la muerte y que el estado natural y calmado en el que estamos nos permite una ejecución física de gran perfección incluso en situaciones que serían de extrema tensión para otros, por ejemplo en medio de la batalla.

Y así es como los samurais japoneses acabaron adoptando el Zen como su religión de cabecera y así es como aparecieron libros como el de Musashi (El libro de los cinco anillos) donde la filosofía Zen (aquí especialmente cercana al Taoismo) se adapta al arte de la guerra. Y es por ello que artes marciales como el tiro con arco o la esgrima (kendo) quedaron impregandas de Zen.

Esto no es nada exclusivo de Japón, no olvidemos que los monjes Shao-Lin en China, famosos por el dominio de las artes marciales) son básicamente monjes Ch’an (Zen en chino).

Con este esbozo absolutamente incompleto  del Zen (cada párrafo de este texto ha dado para escribir varios libros) podemos empezar a intuir qué podría aportar el Zen a los escaladores.

-I. Nakata


3 comentarios hasta ahora
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“Les estones entre intents a la ermita de St Salvador donen per pensar…aquestes estades aquí dalt fan que el meus 4 sofriments es vegin eliminats momentàniament del meu Kharma…escalar aqui dalt és un pas gegant en el camí del Bodhisattva, més enllà del nirvana enganyós que regna allà baix i ens converteix en il.lusos Arahant…
(…)
Vaig fent camí…Fred, amics, tranquilitat, roca llisa i sense mentides, no hi ha lloc per a l’estètica, el viatge en aquesta via significa despullar-se d’un mateix mentre tant sols em queda l’estructura que he de tornar a vestir de nou amb MENYS, només amb l’essència de la meva existència, amb allò que m’ha d’acompanyar realment en aquest camí…
Cada dia aconsegueixo uns centímetres més, en l’aspecte físic i en l’aspecte psicològic…logro remuntar potser a estones fins al mateix lloc, igual però més serè…repeticions d’aprenentatge que em duen a coneixer-me tant a mi com a cada milímetre de la pedra per la qual progresso..l’entenc a ella a mesura que m’entenc a mi mateix…és el viatge de la escalada més enllà dels propis límits…però hi ha límits?
Recordo que creia que sí, que n’hi havia, i m’enfadava i renegava…la vanitat i la còlera, la impaciència, i l’”A” , un bon amic, que em deia que “tot era dins del meu cap”…ell feia broma, però jo de sobte vaig fer un click i levitava per la “via F”…havia superat el meu límit mental personal, i al “blocV”…eren vies atitètiques de les meves capacitats però adoptant una actitud de meditació, d’expectant il.lusió, les podia escalar…
(…)
Anys més tard és el mateix, i gaudint , al límit de l’irreal, de l’entorn, dels somriures, de les remors, de la calidesa del sol assentat a peu de via, de l’olor a llenya, dels petits instants que acarono cada presa, de les petites estibades de la gravetat i del ball amb ella…m’endinso cap al Satori, gaudeixo el Kenshou…ho vaig entendre a Z , mentre flotava en solo…o estirat sobre l’herba de Cregüenya, gaudint del sol i la neu, 13 anys després de somniar per primer cop amb una via que aleshores no existia i que ara ja he escalat…

Ara ho he entès mestre…és simplement el camí, per arribar a algun lloc, sempre s’arriba a algun lloc i tant sols cal caminar…tant sols cal escalar amunt…tant sols cal buscar, especialment dins de nosaltres mateixos…”

Comentario por TR

Molt maco TR.

Al primer comentari no et vaig donar la benvinguda al bloc, et la dono ara.

Mercès per venir. :)

Comentario por Calfred

Leyendo estos textos me siento como los días que voy a clase, ya que son temas y “discusiones” que tratamos muy a menudo… por lo que, hablando de mi experiencia con el arco ( y totalmente traducible al entorno escalatorio… ) el “concepto” , cómo bien dice más arriba, no es aprender a ser un virtuoso de la flauta, realizar arreglos florales, llegar al 8a o clavarle a alguién una flecha en pleno corazón :-)
Dicen los sabios que la razón de ser del arte es, invariablemente, el desarrollo del carácter, el adquirir aplomo y presencia, control mental, y crecimiento espiritual…

Pienso que con el arco ( incluso en la escalada ) esto es más relevante. Como arquero
( y aprendiz de escalador ) te diré que el hecho de dar o no dar en el blanco no tiene para mí la menor importancia, ya que la verdadera cuestión es lo que obtengo espíritualmente con el tiro con arco.

Dicho esto voy a seguir practicando el zen en otro lugar muy adecuado para ello… la cocina…
( una rica receta de paté de zanahorias y almendras espera ser realizada.. ) :-)

Comentario por Pekas




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