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Un día un escorpión llegó a la orilla de un río y, teniendo que pasar al otro lado, empezó a buscar un medio que le llevase sin riesgo de ahogarse. De repente, viendo a una rana que estaba tomando el sol, una idea hizo mella en su mente. Decidió formularle su propósito preguntándole:
- Oye rana, ¿ podrías llevarme a la otra orilla nadando conmigo en la espalda?
La rana le contestó:
- ¿De verdad me crees tan idiota? Sé muy bien que una vez subido en mi espalda me clavarás tu aguijón matándome.
- No seas tonta -replicó el escorpión- ¿cómo podría hacerte eso? ¿Acaso no sabes que nosotros no sabemos nadar y que si yo te matase moriría contigo?
La rana, reasegurada por este razonamiento lógico pensó: “Es verdad. Si me matara, él también se moriría… y no creo que esa idea le guste…”
- De acuerdo, sube. Te llevaré -dijo el batracio.
El escorpión se acomodó en la espalda de la rana y ésta empezó a cruzar el río. Una vez llegados a la mitad del torrente, en el punto más profundo, el escorpión levantó su pincho y, de un rápido golpe, lo clavó en la cabeza de la rana. Esta, agonizando atónita, apostrofó:
- ¿Qué has hecho, imbécil? ¡Ahora te vas a morir tú también, cretino!
- Lo sé -contesto el alacrán- pero soy un escorpión y esta es mi naturaleza.
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Había una vez dos monjes que paseaban por el jardín de un monasterio taoísta. De pronto uno de los dos vio en el suelo un caracol que se cruzaba en su camino. Su compañero estaba a punto de aplastarlo sin darse cuenta cuando le contuvo a tiempo. Agachándose, recogió al animal. “Mira, hemos estado a punto de matar este caracol, y este animal representa una vida y, a través de ella, un destino que debe proseguir. Este caracol debe sobrevivir y continuar sus ciclos de reencarnación.” Y delicadamente volvió a dejar el caracol entre la hierba.
“¡Inconsciente!”, exclamó furioso el otro monje. Salvando a este estúpido caracol pones en peligro todas las lechugas que nuestro jardinero cultiva con tanto cuidado. Por salvar no sé qué vida destruyes el trabajo de uno de nuestros hermanos.
Los dos discutieron entonces bajo la mirada curiosa de otro monje que por allí pasaba. Como no llegaban a ponerse de acuerdo, el primer monje propuso: “Vamos a contarle este caso al gran sacerdote, él será lo bastante sabio para decidir quien de nosotros dos tiene la razón.”
Se dirigieron entonces al gran sacerdote, seguidos siempre por el tercer monje, a quien había intrigado el caso. El primer monje contó que había salvado un caracol y por tanto había preservado una vida sagrada, que contenía miles de otras existencias futuras o pasadas. El gran sacerdote lo escuchó, movió la cabeza, y luego dijo: “Has hecho lo que convenía hacer. Has hecho bien”. El segundo monje dio un brinco. “¿Cómo? ¿Salvar a un caracol devorador de ensaladas y devastador de verduras es bueno? Al contrario, había que aplastar al caracol y proteger así ese huerto gracias al cual tenemos todos los días buenas cosas para comer. El gran sacerdote escuchó, movió la cabeza y dijo “Es verdad. Es lo que convendría haber hecho. Tienes razón.”
El tercer monje, que había permanecido en silencio hasta entonces, se adelantó. “¡Pero si sus puntos de vista son diametralmente opuestos! ¿Cómo pueden tener razón los dos?” El gran sacerdote miró largamente al tercer interlocutor. Reflexionó, movió la cabeza y dijo: “Es verdad. También tú tienes razón.”
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Deja que te diga algo, Redmond. Esta pérdida me está destruyendo. Hace dos meses, ya casi diez semanas, que no hago nada en absoluto, excepto los deberes más necesarios y urgentes. ¡Mi alma está llena de remordimientos implacables. Por las noches, cuando es menos probable que me reconozcan, salgo. Ando sin rumbo. Sí. Me pregunto qué pensaría la gente si lo supiera.
[...]
Todavía puedo ver su rostro más bien pálido y el insólito y sombrío fuego que le había brotado en los ojos. Le veo muy vívidamente esta noche. Estoy aquí sentado recordando sus palabras, sus tonos, y la Westminster Gazette de ayer por la tarde con la noticia de su muerte está todavía en mi sofá.
-H.G. Wells
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I don’t believe in miracles and they happen everyday
I dont believe in Jesus but im praying anyway
I want to accept the truth
I really do
I believe…
I’m just afraid of losing you
I read it in the paper and I watched on tv
I seen it in the movies
They say the truth will set you free
I want to accept the truth
I really do
I believe…
I’m just afraid of losing you
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Ei, tot anirà bé.
No pateixis més
que molt aviat
tot s’haurà acabat
i estaràs millor
i farem de tot.
Cantarem cançons
direm “Miau” tots dos.
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Necrópolis situada en la comarca del Penedès, vall d’Olèrdola.
Se han registrado más de un centenar de tumbas excavadas en la roca, con formas antropomorfas de pequeño tamaño, se dice que pertenecen todas a neonatos o niños: son els albats, bebés muertos antes de recibir los sacramentos o tener uso de razón por lo cual se creía que no tenían la marca del pecado original.
Se desconoce el motivo de su gran número o su especial significado.
Se excavaron entre el siglo X y el XII
Albat, del latín albatus (blanco).
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Buscando un sexto sentido,
rozando lo indescifrable,
uniéndome al enemigo.
Me engaño con mis verdades,
me quemo pero me olvido,
preparo nuevos errores,
me matan y sobrevivo.
Como un cobarde que ha perdido todo el miedo…