Un petit calfred de l’ànima


¿El verdadero destino de los números primos?
Octubre 18, 2009, 12:13 am
Archivado en: Fragments

Los números primos ocupan su sitio en la infinita serie de los números naturales y están, como todos los demás, emparedados entre otros dos números, aunque ellos más separados entre sí. Son números solitarios, sospechosos, y por eso encantaban a Mattia, que unas veces pensaba que en esa serie figuraban por error, como perlas ensartadas en un collar, y otras veces que también ellos querrían ser como los demás, números normales y corrientes, y que por alguna razón no podían. Esto último lo pensaba sobre todo por la noche, en ese estado previo al sueño en que la mente produce mil imágenes caóticas y es demasiado débil para engañarse a sí misma.

En primer curso de la universidad había estudiado ciertos números primos más especiales que el resto, y a los que los matemáticos llaman primos gemelos: son parejas de primos sucesivos, o mejor, casi sucesivos, ya que entre ellos siempre hay un número par que les impide ir realmente unidos, como el 11 y el 13, el 17 y el 19, el 41 y e1 43. Si se tiene paciencia y se sigue contando, se descubre que dichas parejas aparecen cada vez con menos frecuencia. Lo que encontramos son números primos aislados, como perdidos en ese espacio silencioso y rítmico hecho de cifras, y uno tiene la angustiosa sensación de que las parejas halladas anteriormente no son sino hechos fortuitos, y que el verdadero destino de los números primos es quedarse solos. Pero cuando, ya cansados de contar, nos disponemos a dejarlo, topamos de pronto con otros dos gemelos estrechamente unidos.

Es convencimiento general entre los matemáticos que, por muy atrás que quede la última pareja, siempre acabará apareciendo otra, aunque hasta ese momento nadie pueda predecir dónde.


2 comentarios por mucho
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Mattia se sopló las manos, que el viento salobre había entumecido, y se las metió en os bolsillos de la chaqueta. En el derecho había algo. Lo sacó: era un papel doblado en cuatro. El número de Nadia. Leyó la secuencia de cifras y sonrió.
[…]
Se vio de nuevo tendida en aquel barranco, en la nieve, en medio del silencio perfecto. Tampoco ahora nadie sabía donde estaba; tampoco ahora vendrían por ella. Tampoco ello lo esperaba ya.
Sonrió al cielo terso. Con un poco de esfuerzo podría levantarse sola.

Comment por chinita

¿Ya te lo has acabado?!?!

¡Qué rápido! Yo tardo eones en leer los libros… :)

Comment por Calfred




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