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Los gatos eran animales salvajes que comenzaron su proceso de domesticación hacia el año 3000 a. C., debido a la abundancia de ratones que pululaban en los silos de grano que existían en Egipto. El gran valor del gato como cazador de ratones hizo que los egipcios intentasen y lograsen su convivencia doméstica, pese a lo cual el gato no perdió su status divino.
Los antiguos egipcios nunca dieron al gato un nombre especialmente significativo, sino que prefirieron llamarlo por su onomatopeya: Miw. Respecto al trato corriente que daban a estos animales cabe decir que era tan especial que cuando uno de ellos caía enfermo recibía tantos cuidados y atenciones como los que se daban a los niños, y si a pesar de ello moría, toda la familia se vestía de luto hasta el punto de que en algunos casos se afeitaban incluso las cejas en señal de duelo. A continuación el dueño del felino envolvía el cadáver en un paño de lino, llevándolo sin demora a “La Casa de la Purificación” para que fuese momificado, proceso que llegaba a durar hasta 40 días, y con el que eran tan meticulosos cual si se tratara de un ser humano. Tras lo anterior las familias ricas colocaban sobre la cabeza de la momia una máscara de bronce, (representando al animal fallecido), y lo introducían en un ataúd o sarcófago que podía estar confeccionado con materiales que iban desde la palma o el papiro hasta la piedra caliza. Por último lo conducían al cementerio seguido por un largo cortejo de parientes y amigos de la familia, quienes manifestando su profunda tristeza lloraban desconsoladamente al tiempo que con gesto desesperado desgarraban sus vestiduras, dándose incluso el caso de que quienes gozaban de un nivel económico suficientemente solvente llegaban a contratar plañideras profesionales que como muestra de dolor echaban tierra sobre sus cabellos y arremangaban sus túnicas dejando el pecho al aire.
Las leyes prohibían expresamente tanto el perseguir como el matar a los gatos, a tal punto que si alguien era responsable de la muerte de uno de ellos corría el peligro de llegar a ser condenado nada menos que a la pena capital.
Como último dato curioso diremos que en 1.859 fue descubierto en Beni Hassan (desgraciadamente por un grupo de ignorantes desaprensivos) un cementerio con 300.000 gatos momificados, quienes tras llevarse las momias a Alejandría, las machacaron a conciencia, vendiendo con posterioridad el polvo resultante como abono a Inglaterra. De esta forma más de 20 toneladas de momias de gatos perfectamente conservadas durante siglos fueron adquiridas por campesinos ingleses al precio de 4 libras la tonelada.
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El cosmopolita envuelve su cuerpo con la ciudad.
Zoroastro, todo el mundo como su patria.
El cielo químico ha sido abierto.
Tiene ojos para no ver, oídos para no oír.
Fulcanelli,
Fulcanelli,
El equilibrista envuelve su cuerpo con la ciudad.
Zoroastro, todo el mundo como su patria.
Fulcanelli es el seudónimo de un autor desconocido de libros de alquimia del siglo XX. Se han lanzado diversas especulaciones sobre la personalidad o grupo que se oculta bajo el seudónimo.
Es mucho lo que se ha escrito sobre la vida de este personaje, pero la mayor parte de sus biografías están basadas en testimonios inciertos, pues al parecer ocultaba expresamente toda información sobre su persona, propiciando la circulación de infinidad de rumores. Algunos han especulado sobre su posible nacimiento en 1877 en Villiers-le-Bel (Francia) y su muerte en la pobreza en París el año 1932.
Fulcanelli se movió hasta los años veinte del siglo pasado por Francia y ocasionalmente por España, País Vasco, Sevilla (Andalucía) y Barcelona. Para algunos era un personaje de vasta erudición con importantes contactos y relaciones con círculos selectos e influyentes, como Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc, arquitecto y restaurador de catedrales góticas francesas, con quién compartió su admiración y estudio por el arte gótico, lo que le permitió interpretar con éxito el papel que la alquimia juega en las esculturas que adornan estas construcciones, muy especialmente las impresionantes representaciones en las gigantescas catedrales góticas (relieves, portadas, escultura, suelo, vidrieras).
Jacques Bergier menciona en su libro “El retorno de los brujos” que Fulcanelli y otro alquimista se dedicaron a visitar a los más conocidos físicos nucleares entre las dos Guerras Mundiales. Ambos describieron somera pero muy gráficamente en qué consistía un reactor nuclear y advirtieron de los peligros de las sustancias subproductos de las reacciones. Esto pasó sin mayores atenciones respecto de los científicos hasta que Fermi logró la primera reacción en cadena. Alguno de los visitados recordó, entonces, la conversación mantenida con alguno de los dos supuestos alquimistas y comunicó la historia a los servicios de inteligencia correspondientes. Inmediatamente los servicios aliados comenzaron la búsqueda de ambos personajes. Fulcanelli fue imposible de encontrar, mientras que la otra persona resultó fusilada en el norte de África por ser colaboradora de los alemanes. Es muy difícil hallar pruebas de tales cosas, más allá del texto del libro antecitado.
Jacques Bergier fue ayudante del físico francés Louis de Broglie y formó parte de la inteligencia de los Aliados.
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Cuarenta y ocho dias después Norbu pasea por el Potala, preocupado por no haber tenido aún ninguna indicación ni sueño sobre la reencarnación del Dalái Lama.
Al pasar junto a la puerta del dormitorio de Tenzin oye un ligero ruido, detiene sus pasos y escucha con delicadeza tras la puerta. Otro ruido.
Abre lentamente la puerta y mira dentro de la habitación que permanece vacía tal como quedó el dia aciago de su partida. Sobre la cama, todos sus objetos personales: su túnica azafrán, su bol, su libro de oraciones, su bastón y poco más.
Aparentemente no hay nadie en la habitación pero justo cuando el monje va a retirarse extrañado, ve que algo se mueve en la cama bajo la túnica azafrán.
Norbu espera y bajo la túnica aparece algo, ¿una rata? No, es una de las crías de la gata Atman. De las cinco, tres han sobevivido y ya pueden caminar y hacer travesuras. Pero es realmente sorprendente que este gatito, al que llaman Dharma, haya podido llegar hasta aquí por sus propios medios.
Dharma sale, patoso, bajo la túnica y se intenta montar en el bol, volcándolo. Camina sobre la cama y el libro de oraciones, se restriega contra el bastón.
Escandalizado, Norbu va a coger a Dharma, pero subitamente aparece la iluminación.
Los ojos miel de Dharma miran fijamente a Norbu y si, este no supiera que es imposible, pues las leyes del Karma son inflexibles, pensaría que la mirada del gatito le habla con claridad, directamente a su mente.
Norbu deja el gato sobre la cama, jugando con sus cosas y se retira suavemente, andando de espaldas, haciendo una reverencia final al Buddha antes de cerrar la puerta.
Mientras se dirige a sus aposentos piensa con alegría, que finalmente todos merecemos un descanso y que es bueno que el Dalái Lama por fin se haya decidido a no volver y entrar en el Nirvana.
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En Lhasa, en el Potala, sobre la montaña de Hongshan a más de 3.700 metros de altitud, en pleno Invierno, bajo los tejados de oro, en el oscuro y abigarrado laberinto de pasillos y salones una noticia corre como el viento: el Dalái Lama Tenzin agoniza.
En su cámara, el Panchen Lama Norbu mira por la ventana melancólico y reflexiona sobre su tristeza: Esta es inútil e inapropiada, el santo Lama, sabio y perfecto está a punto de pasar a un nuevo ciclo de reencarnación, quien sabe si el último, volviendo quizá como un Dios o un Bodhissatva, para romper en breve la rueda del karma y alcanzar el Nirvana.
En un rincón, su gata Atma, dormita embarazada y Norbu piensa en la rueda de la vida, de los nacimientos y las muertes, del sufrimiento, que nunca para, nunca. Hoy el santo muere y con él miles de seres sensibles le siguen para renacer en nuevos cuerpos según su Karma.
Entra corriendo en la habitación el monje auxiliar Sönam y le dice que se apresure, que su maestro agoniza y debe estar presente.
De camino, conversan sobre la reencarnación y como el nuevo ser, si vuelve como ser humano será identificado al reconocer sus objetos personales. ¿Querrá el Lama en su infinita bondad retrasar temporalmente su entrada al Nirvana para seguir iluminando a la humanidad con sus enseñanzas? Quien sabe.
En el dormitorio, denso el ambiente, cargado de incienso, oscuro, predominando el oro y el granate, decorado abundantemente con esculturas de la vida del Buddha Sakyamuni y los Bodhisattvas, termina esta vida el Lama Tenzin.
Tras su última respiración, los monjes sentados en el suelo entonan un mantra.
Según la tradición, antes de cuarenta y nueve dias, el Dalái Lama se reencarnará en su nuevo cuerpo sensible. Será misión del Panchen Lama reconocerlo, para ofrecerle su santo lugar en el mundo.
Continuará
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Groc és la paraula que defineix aquella gent que us canvia la vida (poc o molt) i que potser tornareu a veure o potser no.
Els grocs estan entre els amics i el amor. No cal veure’ls gaire sovint o mantenir-hi contacte.
Els grocs són reflex de nosaltres, ells contenen part de les nostres carències i coneixe’ls ens permet fer un salt qualitatiu a les nostres vides.
Parlo de sentir que heu trobat una persona a qui podeu explicar coses molt íntimes i que noteu que us entén i que us aconsella d’una manera diferent i especial.
-A. Espinosa
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1. Recta comprensión
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(samina ditthi)
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2. Recto pensamiento
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(samma sankappa)
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3. Rectas palabras
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(sammma vaca)
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4. Recta acción
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(samma Kammanta)
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5. Rectos medios de vida
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(samma ajiva)
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6. Recto esfuerzo
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(samma vayama)
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7. Recta atención
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(samma sati)
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8. Recta concentración
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(samma samadhi)
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Hace muchos años, en una casa tenían el problema de un ratón especialmente listo que no había forma de atrapar.
Los dueños de la casa decidieron comprar un gato que era muy buen cazador de ratones, pero el ratón no salía sino cuando el gato se había dormido, así que no podían hacer nada.
Como ese gato no servía para cazar ratones, decidieron comprar otro gato que era especialmente calmado, pensando que ese sería capaz de atrapar al ratón. Pero aunque el gato estaba calmado y listo para lo que hiciera falta, el ratón siempre tenía su plan de escape porque la conducta del gato era predecible.
Así que desesperados, los dueños de la casa fueron a un monasterio Zen, y pidieron ayuda. Para ayudarlos un monje les regaló un gato. Pero el gato Zen se pasaba todo el dia durmiendo, y mientras el ratón daba vueltas y vueltas por toda la casa a su libre albedrío.
Un día, después de muchos dias, cuando los dueños de la casa ya estaban pensando en que el ratón era invencible, el gato Zen simplemente, sin ni tan siquiera mirar, sin prisas, estiró la mano y atrapó al confiado y sorprendido ratón..