Un petit calfred de l’ànima


Katsuhita Hokusai, muerto a la edad de 89 años (1.849)
Noviembre 29, 2008, 12:13 am
Archivado en: Frases

[...] a la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos, con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la calidad verdadera de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado el significado más profundo de las cosas, a los 100 habré hecho realmente maravillas y a los 110, cada punto, cada línea, poseerá vida propia [...]



Art de trair
Noviembre 28, 2008, 12:13 am
Archivado en: Cançons

Un cop la passió pot més que la por,
la por infinita d’abraçar el teu cos,
d’una manera estranya i prenyada d’avís
el cor desvetlla en mi la més gran injustícia.

Jo, que no tinc paraules perquè tu puguis sentir-me,
no sé com desfer-me d’aquesta agonia
un cop deixats enrera els vils anys de desig,
desitjos acomplerts de manera astuta.

M’adono que fer-te mal seria ferir-me,
que hi ha un abans i un després de tenir-te.



Una historia de fantasmas
Noviembre 26, 2008, 12:13 am
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Cuando mi padre murió, encontré en uno de los cajones de su mesa de trabajo una caja de fósforos sin estrenar, aunque tenía cuarenta años o más. Me impresionó. Creo que el destino de los fósforos es arder como el de las estrellas apagarse. Aquellas cerillas, que habían escapado a su destino fatal, caían ahora en mis manos para crearme un dilema. Al principio supuse que sus cabezas estarían caducadas y que ya habrían perdido, en consecuencia, su oportunidad de arder. Pero luego pensé que quizá no, y que en tal caso yo era el instrumento del destino para que cumplieran su ciclo. Durante varios días jugué con la idea de encenderlas, pero siempre desistía por miedo, supongo, a que funcionaran, o quizá a que no funcionaran. Ninguna de las dos posibilidades resultaba tranquilizadora.

Anoche se fue la luz en casa. Estaba yo solo y no tenía con qué alumbrarme. Tras un rato de espera, me acordé de la caja de cerillas de mi padre y la busqué a tientas entre los objetos que llenan mi mesa de trabajo. Con el corazón en la garganta, saqué una y la froté sobre la lija. En seguida saltó una llamarada que tras estabilizarse empezó a alumbrar el espacio. Lo raro es que lo que se veía a su luz no era mi despacho, sino el de mi padre. Asombrado, mientras el rabo de la cerilla se consumía, vi cada uno de los rincones de aquella habitación en la que de pequeño tenía prohibida la entrada. Con el halo mortuorio característico del resplandor de los fósforos, observé la mesa sobre la que trabajaba mi padre, repleta, por cierto, de fetiches también, como la mía, y un trozo de la raída alfombra llena de quemaduras de las colillas de tabaco. Me pareció que al fondo de la habitación había una figura (¿mi madre?), que no llegué a distinguir bien porque la cerilla me quemó los dedos y hube de arrojarla al suelo, aunque no sabría decir sobre qué alfombra cayó, si sobre la de mi padre o la mía.

Cuando dudaba si encender o no la segunda, volvió el fluido eléctrico y decidí que no. Al poco, regresó mi mujer y me preguntó qué me había pasado.

-Parece que has visto un fantasma.

No le dije que lo había visto, en efecto, o que yo había sido el fantasma de una realidad alumbrada por las cerillas de mi padre. Llevo desde ayer intentando evocar la figura borrosa que se veía al fondo de la habitación. Era una mujer, desde luego, pero quizá no era mi madre. Es más: no lo era, pues la habría reconocido en seguida. ¿De quién se trataba, pues? Creo que no podré averiguarlo hasta que se vaya de nuevo la luz y pueda encender, con esa coartada moral, otra cerilla.



Over and done
Noviembre 25, 2008, 12:13 am
Archivado en: Cançons

Your hand in my hand and my hand in your hand
Your hand in my hand closeness of the past
My hand in your hand and your hand in my hand
Jerking back and nothing will last

I have to go before it is too late
Have to wipe out the traces and memories will fade
And tears will stop flowing and tears will stop flowing
And memories will fade and memories will fade

Over and done over and done

Dead and frozen my heart Over and done
My life falling apart Over and done
Over and done Over and done

Your voice in my voice and my voice in your voice
Your voice in my voice sweet echoes of the past
Your voice from the callbox your voice at the door
Don´t want that anymore and nothing will last

Your eyes in my eyes and my eyes in your eyes
Your eyes in my eyes faint glimmer of the past
My eyes in your eyes and your eyes in my eyes
Shine turns dull and nothing will last

Have to look away before it´s too late
Have to put out the fire and memories will fade
And tears will stop flowing and tears will stop flowing
And memories will fade and memories will fade

Over and done Over and done

Dead and frozen my heart Over and done
My life falling apart Over and done
My only sun over and done



El honor
Noviembre 23, 2008, 12:13 am
Archivado en: Fragments

El ejercito se atenía a su código, de tal manera que, durante la campaña en el norte de Birmania, la proporción de prisioneros con respecto a los muertos fue de 142 a 17.166; es decir, una proporción de 1 a 120. Y de los 142 soldados que se encontraban en los campos de prisioneros, todos,  excepto una pequeña minoría se hayaban heridos o inconscientes cuando fueron apresados; sólo unos pocos se habían rendido individualmente o en grupos de dos o tres.

En los ejércitos de la naciones occidentales es un hecho reconocido que las unidades no pueden resistir la muerte de la tercera o cuarta parte de sus efectivos sin rendirse. La proporción entre los que se entregan y los muertos es de 4 a 1.



Three forests
Noviembre 22, 2008, 12:13 am
Archivado en: Cançons

Come closer and see
See into the trees
Find the girl
While you can
Come closer and see
See into the dark
Just follow your eyes

I hear her voice
Calling my name
The sound is deep
In the dark
I hear her voice
And start to run
Into the trees

Suddenly I stop
But I know it’s too late
I’m lost in a forest
All alone
The girl was never there
It’s always the same
I’m running towards nothing
Again and again and again



Emisión de radio japonesa durante la II guerra mundial
Noviembre 20, 2008, 12:13 am
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Terminado el combate aéreo, los aviones regresaban a la base en pequeñas formaciones de tres o cuatro. Un capitán que pilotaba uno de los aviones primeros en llegar, tras descender de su aparato, contempló el cielo con unos prismáticos. Fue contando a sus hombre a medida que regresaban. Estaba pálido pero se mantenía firme.

Cuando llegó el último de los aviones se dirigió al cuartel general, donde dio el parte al comandante, pero he aquí que,  inmeidatamente después de dar su informe, cayó repentinamente al suelo. Los oficiales presentes corrieron a ayudarle, pero desgraciadamente había muerto.

Al examinar el cuerpo comprobaron que estaba ya frío y que tenía una herida de bala en el pecho. Es imposible que el cuerpo de una persona recién fallecida esté frío; sin embargo, el del capitán lo estaba, tanto como el hielo.

Seguramente había muerto hacía ya tiempo y fue su espíritu el que dió el parte. Este hecho milagroso se produjo sin duda gracias al sentido estricto de la responsabilidad que poseia el capitán fallecido.