Un petit calfred de l’ànima


Punto de vista
Mayo 30, 2008, 3:38 pm
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Cuando caí en la cuenta de que nadie podía verme ni oírme, el corazón me dio un vuelco. Intenté en vano tocar a los viandantes, descubriendo que atravesaba a la gente. Aterrado, pensé que había muerto de un infarto repentino, y que me había visto condenado a vagar por el mundo como un espectro errante… Pronto me di cuenta de que la verdad era mucho más terrible: no era yo el muerto sino todos vosotros, pobres fantasmas insustanciales.

-Lapidario



God put a smile upon your face
Mayo 29, 2008, 5:42 pm
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Where do we go nobody knows
I’ve gotta’ say I’m on my way down
God give me style and give me grace
God put a smile upon my face

Where do we go to draw the line
I’ve gotta’ say I’ve wasted all your time, honey honey
Where do I go to fall from grace
God put a smile upon your face, yeah

Now when you work it out I’m worse than you
Yeah when you work it out I want it too
Now when you work out where to draw the line
Your guess is as good as mine

Where do we go nobody knows
Don’t ever say you’re on your way down, when
God gave you style and gave you grace
And put a smile upon your face, oh yeah

Now when you work it out I’m worse than you
Yeah when you work it out I want it too
Now when you work out where to draw the line
Your guess is as good as mine

It’s as good as mine
As good as mine
As good as mine



La puerta de los cien pesares
Mayo 28, 2008, 5:01 pm
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Es difícil llevar cuenta del tiempo en la Puerta y, además el tiempo no me interesa. [...] Hace mucho tiempo, cuando ganaba trescientos por mes en un empresa de Calcuta, tenía una mujer. Pero ha muerto. Dicen que la maté dándome al Humo Negro. Tal vez sea así, pero hace tanto de eso que no me importa. A veces cuando recién venía a la Puerta, me daba remordimiento, pero eso está ya terminado desde hace tiempo y yo retiro mis sesenta rupias cada mes y soy feliz. No ebrio de felicidad, pero siempre tranquilo, fiel, contento.

[...]

Uno de estos dias espero morirme en la Puerta. [...] No creo poder sobevivir a la memshahib o Tsing Ling. [...] La mujer del bazar supo dos días antes que se moría y murió en una estera limpia, con una almohadón bien mullido, y el hombre colgó su pipa encima del Buda.

Siempre la quiso, creo. Pero igualmente tomó sus anillos y sus pulseras.

Yo quisiera morir como la mujer del bazar, en una estera limpia y fresca con una pipa del bueno entre los dientes. Cuando sienta que me voy se lo pediré a Tsing Ling y podrá seguir retirando mis sesenta rupias por mes, hasta que se harte. Luego me echaré de espaldas, tranquilo y confortable, y veré a los dragones rojos y negros pelear su última batalla, y después…

-R. Kipling



Guardo la lluvia
Mayo 27, 2008, 5:56 pm
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Guardo la lluvia,
las manchas se diluyen,
las lágrimas se endulzan y el silencio no pregunta.

Guardo la lluvia,
infiernos que se apagan,
secretos confiados a un amor a prueba de agua.

Solo guardo el agua de la lluvia, el aire tibio,
he soltado mis maletas, he vaciado mis bolsillos
he empezado gota a gota a descontar

Guardo la lluvia,
la que se lleva el barro y aclara los sentidos,
la que moja mis zapatos.

Guardo la lluvia,
la que mi cara lava, la que mi alma hechiza
y mi corazón rescata.

Sólo quiero que no pare de llover
mientras mi camino vuelvo a deshacer…otra vez.

-M. Parrot


Posible iniciación al taoismo
Mayo 26, 2008, 9:15 am
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Un granjero vivía en una pequeña y pobre aldea. Sus paisanos le consideraban afortunado porque tenia un caballo que utilizaba para labrar y transportar la cosecha. Pero un dia el caballo se escapó. La noticia corrió pronto por el pueblo, de manera que al llegar la noche, los vecinos fueron a consolarlo por aquella grave pérdida: “¡Qué mala suerte has tenido!”. La respuesta del granjero fue un sencillo “quizás”.

Pocos días despues el caballo regresó trayendo consigo dos yeguas salvajes que había encontrado en las montañas. Enterados los aldeanos acudieron de nuevo, esta vez a darle la enhorabuena y comentarle su buena suerte, a lo que él volvió a contestar: “quizás”.

Al día siguiente, el hijo del granjero trató de domar a una de las yeguas, pero está lo arrojó al suelo y el joven se rompió una pierna. Los vecinos visitaron al herido y lamentaron su mala suerte; pero el padre respondió otra vez: “quizás”.

Una semana más tarde aparecieron en el pueblo los oficiales de reclutamiento para llevarse a los jóvenes al ejercito. El hijo del granjero fue rechazado por tener la pierna rota. Al atardecer, los aldeanos que habían despedido a sus hijos se reunieron en la taberna y comentaron la buena estrella del granjero, más este, como podemos imaginar, contesto nuevamente: “quizás”.

Y…



Bela Lugosi’s dead
Mayo 25, 2008, 11:19 am
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White on white translucent black capes
Back on the rack
Bela Lugosi’s dead
The bats have left the bell tower
The victims have been bled
Red velvet lines the black box
Bela Lugosi’s dead

Undead undead undead

The virginal brides file past his tomb
Strewn with time’s dead flowers
Bereft in deathly bloom
Alone in a darkened room
The count
Bela Logosi’s dead

Undead undead undead

-David J.



Los dos reyes y los dos laberintos
Mayo 23, 2008, 6:42 pm
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Cuentan los hombres dignos de fé (pero Alá sabe más) que en los primeros dias hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey.  Lo amarró encima de su camelo veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres dias, y le dijo: “¡Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo! en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muro; ahora el Poderoso a tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso.”

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere.

-J. L. Borges